Caía sin tocar el suelo, como si el tiempo hubiera olvidado avanzar. Alicia pensó que tal vez el mundo, visto desde abajo, tenía más preguntas que respuestas.
Mientras descendía, el aire se volvía más ligero y las ideas más pesadas. ¿Cuánto dura una caída cuando no hay prisa por llegar?
El suelo nunca aparecía, pero el miedo tampoco. Quizá caer no era perderse, sino aprender a mirar desde otra dirección.